sábado 18 de febrero de 2012

Cautiva y Esclava


¿Qué fue lo que motivo a esta niña para hacer lo que hizo?
La situación de ella no era la mejor, estaba como esclava sirviendo a la señorade un jefe militar.
Fue secuestrada de su país, arrancada de sus padres, de sus hermanos, de sus amigos, de su entorno, y la llevaron a otro país y allí la pusieron en la casa de un general del ejército a trabajar.
Su amo es el favorito del rey, es un hombre valiente, rico, poderoso, tiene un alto rango.
La niña lo observa y ve que tiene unas manchas blancas en su piel, luego se le hacen ampollas y supuran y comienza a perder sus extremidades, ella se da cuenta que su patrón esta leproso.
-Señora-(le dice a su ama) yo se donde su esposo puede encontrar la sanidad, allá en mi país en el pueblo que yo vivo hay un hombre que Dios usa para hacer milagros, si el va allá va a ser sanado.
Así aconteció como dijo la muchacha.
¿Por qué esta niña actúo así, si la tenían cautiva y esclava?
Fue su raíz, sus principios, el fundamento que sus padres habían sembrado en ella.
Fue participe de las oraciones en familia, cuando juntos alrededor de la mesa cantaban los salmos de David, conocía los mandamientos, recordaban la salida de Egipto, desde muy pequeñita sus padres sembraron en su corazón la semilla del amor, de las buenas costumbres, de hacer el bien, y ahora esa raíces estaban creciendo y dando fruto.
Aquello que fue sembrado en nuestro corazón, tarde o temprano es lo que va a florecer.

Todavía estamos en tiempo de siembra, escojamos buenas semillas y plantémoslas en corazones tiernos y sensibles y Dios dará el crecimiento.

martes 31 de enero de 2012

Como Pedir Sabiduría a Dios

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le sera dada. (Sant. 1:5)
Muchas veces me encuentro en la encrucijada entre lo que quiero hacer y lo que tengo que hacer. No son pocas las veces en que “no me da la gana” ser la mejor esposa del mundo, que no quiero someterme por x o y razón, o no encuentro razones por las cuales mi matrimonio es excelente. Pero no han pasado ni 5 segundos cuando viene a mi mente algún versículo que tumbe todos mis argumentos, o alguna razón para querer ser la mejor ayuda idónea para mi esposo.
Un buen matrimonio no necesita de un hombre excelente, ni perfecto (el cual no existe); necesita una mujer dispuesta a ser la ayuda adecuada para ese hombre. Si aun no encontrara razones para querer serlo, solo tengo que mirar a Cristo y recordar que El, con sus propósitos eternos, me creó para que fuera ayuda idónea. Día a día le sirvo a Cristo a través del servicio a mi esposo, se lo merezca o no.
Cuando no tenga deseos de ser esa ayuda idónea solo debo recurrir a Dios, a Su palabra y convertirme en ayuda idónea por amor a El, entendiendo que cumplo Su propósito aquí en la tierra. Pero definitivamente es mejor ser esa ayuda idónea con un corazón alegre, dispuesto, lleno de gozo y gratitud.
Las veces que he tenido pequeñas dificultades en mi matrimonio es cuando me he dejado llevar de mis impulsos y reacciono. A veces me han llegado a la mente flashes de consejos mundanos, dados por las películas, series, revistas, totalmente distorsionados al mandato de Dios. Es ahí donde necesito recordar el versículo de hoy- Dios esta mas que dispuesto a darme de Su sabiduría, la sabiduría divina, al solo pedírsela. Que regalo de Dios, solo tengo que pedírsela.

No es fácil ser mujer en esta época. No es fácil comenzar un matrimonio con todas las presiones que hay, y echarlo hacia delante. Pero en Dios hay esperanza. Con la sabiduría de lo alto Dios puede usarme para hacer de matrimonio el mejor, para hacer de mi esposo el mejor y para convertirme a mi en la esposa apta para mi esposo, apta para Dios.
Tenemos las instrucciones en Su Palabra, no hay excusas. NO se limita a mi relación con Abel, es eterno su plan. Mi matrimonio es un modelo terrenal de la unión de Cristo con Su Iglesia. Busquemos en Su palabra nuestro rol como esposas, y cumplamos a cabalidad con nuestro papel.

Danos sabiduría Dios!