martes, 19 de abril de 2011

¡Gózate en este Día!




Este es el día que el Señor ha hecho; regocijémonos y alegrémonos en él. —Salmos 118:24


El día amanece claro resplandeciente con un cielo despejado. El sol ahuyenta el frío de la mañana y sus rayos agradable nos calientan suavemente, creando una sensación de regocijo. Las aves cantan; el ganado pace tranquilamente en las praderas; los niños juegan en la suave hierba verde en medio de los árboles mientras una suave brisa susurra en lo alto de una bóveda frondosa. De algún modo, nuestro versículo clave parece la cita perfecta en un día así. “¡Maravilloso!” exclamamos.

Luego llega el día en que ni un solo rayo del sol traspasa las espesas nubes que cubren las montañas y el valle. Una lluvia fría cae durante casi todo el día y la tarde parece más bien la noche. Una sensación de tristeza llena la atmósfera. De algún modo, ahora , nuestro versículo no parece coincidir con este día. Sin embargo, ¡miremos el asunto más de cerca!

El salmista dice que el Señor es su fortaleza y su canto, y que él se ha convertido en su salvación. Él dice que la puerta de Jehová está abierta para los justos. Habla del día en que la piedra desechada vino a ser cabeza del ángulo. ¡Sí, gózate en este día! Fue un maravilloso día de salvación cuando las puertas se abrieron de par en par para “el que quiera”. Los que estaban asentados en tinieblas vieron una gran luz y a los ciegos les fue devuelta la vista. Sí, ¡alabado sea Dios por su don inefable de la salvación que nos libra de la culpa y la condenación! Alabadle a él porque su gracia es suficiente para nosotros pobres mortales imperfectos.

¡Sí, gózate en este día! Sólo así tendremos razón para regocijarnos todos los días, haya sol o haya sombra.

La presencia de Dios puede transformar las prisiones en palacios.

Recuerda que este es el día que el Señor ha hecho; regocijémonos y alegrémonos en él.

martes, 5 de abril de 2011

Señor, Hazme Televisor por un Día


Señor, no quiero pedirte nada especial ni inalcanzable, como ocurre con otros niños que se dirigen a ti cada noche.


Tú eres bueno y proteges a todos los niños de la tierra, hoy quiero pedirte un gran favor, sin que se enteren mis padres.


Transfórmame en un televisor, para que mis padres me cuiden como cuidan al televisor, para que me miren con el mismo interés con que mi madre mira su telenovela preferida, o mi padre su programa deportivo favorito.


Quiero hablar como ciertos animadores que cuando lo hacen, toda mi familia se callan para escucharlos con atención y sin interrumpirlos.


Quiero ver a mi madre suspirar frente a mí como lo hace cuando mira un desfile de modas, o poder hacer reír a mi padre como lo logran ciertos programas humorísticos, o simplemente que me crean cuando les cuento mis fantasías sin necesidad de decir ¡es cierto! yo lo escuche en la tele.


Quiero representar al televisor para ser el rey de la casa, el centro de atención que ocupa el mejor lugar para que todas las miradas se dirijan a mí.


Quiero sentir sobre mí la preocupación que experimentan mis padres cuando el televisor comienza a fallar y rápidamente llaman al técnico.


Quiero ser televisor para ser el mejor amigo de mis padres, el héroe favorito, el que más influya en sus vidas, el que recuerde que soy su hijo y el que ojalá les mostrara más paz que violencia.


¡¡Señor, por favor déjame ser televisor aunque sea por un día!!



¡Que Dios les bendiga!