martes, 5 de abril de 2011

Señor, Hazme Televisor por un Día


Señor, no quiero pedirte nada especial ni inalcanzable, como ocurre con otros niños que se dirigen a ti cada noche.


Tú eres bueno y proteges a todos los niños de la tierra, hoy quiero pedirte un gran favor, sin que se enteren mis padres.


Transfórmame en un televisor, para que mis padres me cuiden como cuidan al televisor, para que me miren con el mismo interés con que mi madre mira su telenovela preferida, o mi padre su programa deportivo favorito.


Quiero hablar como ciertos animadores que cuando lo hacen, toda mi familia se callan para escucharlos con atención y sin interrumpirlos.


Quiero ver a mi madre suspirar frente a mí como lo hace cuando mira un desfile de modas, o poder hacer reír a mi padre como lo logran ciertos programas humorísticos, o simplemente que me crean cuando les cuento mis fantasías sin necesidad de decir ¡es cierto! yo lo escuche en la tele.


Quiero representar al televisor para ser el rey de la casa, el centro de atención que ocupa el mejor lugar para que todas las miradas se dirijan a mí.


Quiero sentir sobre mí la preocupación que experimentan mis padres cuando el televisor comienza a fallar y rápidamente llaman al técnico.


Quiero ser televisor para ser el mejor amigo de mis padres, el héroe favorito, el que más influya en sus vidas, el que recuerde que soy su hijo y el que ojalá les mostrara más paz que violencia.


¡¡Señor, por favor déjame ser televisor aunque sea por un día!!



¡Que Dios les bendiga!

martes, 29 de marzo de 2011

EL TOQUE DEL MAESTRO


Estaba golpeado, estropeado, muy sucio. El rematador en la subasta pensó que por su escaso valor, no tenía sentido perder demasiado tiempo con el viejo violín, pero lo levantó con una sonrisa.


-¿Cuánto dan señores? -gritó-, ¿quién empezará a apostar por mí? -$5.000 - alguién replicó, después $8.000. -¿Sólo $8.000? -$10.000 dijo alguien y ¿quién da $15.000?, $10.000, a la una; $10.000 a las dos; y $10.000 a las tr…


Pero NO, desde el fondo de la sala un hombre anciano se adelantó y tomó el arco; luego, después de quitar el polvo del violín y estirar sus cuerdas sueltas, las afinó y tocó una melodía pura y dulce como un coro de ángeles. Cesó la música y el rematador, con una voz silenciosa y baja dijo: -¿Cuánto me dan por el viejo violín? y lo levantó en alto con el arco. -$50.000 y… ¿quién da $100.000? -¡$100.000!, ¿Y quién da $300.000? ¡¡¡$300.000!!! $300.000 a la una, $300.000 a las dos; y $300.000 a las.......tres, ¡Rematado! -dijo.


La gente aplaudía, pero algunos decían: “No entendemos bien, ¿qué cambió su valor?”. La respuesta no se hizo esperar: “¡El toque del Maestro!”


Que una melodía celestial brote hoy de tu vida, si te dejas usar en las manos del Maestro por excelencia.


Efesios 2:10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.